domingo, 28 de noviembre de 2010

Inception


"Los sueños nos parecen reales mientras los tenemos, sólo cuando despertamos nos damos cuenta de que algo no cuadra."
Origen

Pero y si contínuamente estuviéramos soñando, qué pasaría si todo lo que conocemos fuera una mentira, un mundo paralelo creado por nuestra mente del que no pudiéramos salir. Porque todos sabemos que no todo sueño es un dulce sueño. Quizás la realidad sea ese escaso tiempo en el que soñamos, quizás la realidad solo la conozca nuestro sub/inconsciente. Seríamos presos de nuestra propia mente, presos de un desconocido mundo. O igual todo esto es una gran tontería y los sueños solo son eso, sueños.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Today we escape, we escape...

Hace dos años y un mes aproximadamente estaba tumbada en este mismo sofá escuchando lo latidos de tu corazón mientras mamá nos llamaba para que apagara las velas.
Y ahora estoy aquí sola sentada intentando escribir cuatro palabras. Cuatro palabras que no salen porque ya no me queda mucho que decir.
Te echo de menos.
25.09.2008

martes, 24 de agosto de 2010

Some things we don't talk about


“Aquel que dijo más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida.

La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuantas cosas se escapan a nuestro control.

En un partido hay momentos en que la pelota golpea el borde la red y durante una fracción de segundo puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás.

Con un poco de suerte sigue adelante y ganas o no lo hace y pierdes. “
Match Point
 
Siempre he creido en el destino. Siempre me repito que cuando algo pasa es porque tenía que pasar. Siempre he dicho que no somos del todo libres, que cuando tenemos varias direcciones para tomar, da igual la que escojamos, todos nos llevarán al mismo sitio. Y tal vez sea verdad. A mí me da seguridad, porque me hace sentir que cuando algo pasa no ha sido del todo culpa mía, que tenía que pasar y ya está. Es más fácil así. 
Si nos damos cuenta destino significa lo mismo que Dios o que suerte. Afirmar la existencia de cualquiera de estas tres posibilidades es afirmar que no tenemos el control sobre aquello que nos ocurra. Que cuando algo sucede, es porque el destino o Dios o la suerte así lo ha querido. Y no podemos luchar contra ello porque escapa a nuestro escaso entender del Universo.
¿Os imaginais que fuésemos completa y absolutamente responsable de todo lo que pasase en el mundo?
Algunos hablan del efecto mariposa, de la gran cadena de circunstancias que surgen de las decisiones de otras personas, y que terminan afectándonos a todos. Como el aleteo de una mariposa en el otro lado del mundo puede cambiar nuestras vidas. Sinceramente, a mi no me gusta nada la idea de que cualquier cosa que haga pueda repercutir de tal manera sobre el mundo. Si lo piensas es estúpido. De hecho cuando te dicen la primera frase con la que suelen describir dicho efecto causa risa. Y nos preguntamos como narices va a ser eso posible. Pero cuando te paras de verdad a pensarlo ya no es tan estúpido. Porque, si todo hubiera salido como esperaba hace dos años, si el instituto al que tenía pensado ir hubiera tenido las plazas suficientes desde un primer momento nunca hubiera ido al colegio que he ido. O si un alumno de ese colegio matriculado en el bachiller de ciencias no hubiera tenido que repetir 4º, yo no hubiera tenido plaza allí. Nunca habría conocido a las personas que conocí. Mi vida hubiera sido completamente distinta. Da igual si para mejor o para peor. El caso esque todo sería diferente.
Es difícil aceptar que somos dueños de lo que nos pase, y en cierto modo de la "suerte" de los demás. Pero, ¿es eso cierto? Quien sabe, quizás no existan ni el destino, ni Dios, ni la suerte, y yo esté aquí divagando sobre un tema del que no tengo ni idea. Quizás esté totalmente equivocada. O puede que el mundo en el que vivimos sea una completa mentira. Pero sinceramente, seguiré pensando que el destino dirige nuestras vidas, que da igual lo que haga, habría sido así de todas formas. Que no podemos cambiar nada de lo que pasa. Porque al fin y al cabo que más da lo que creamos, nunca sabremos la verdad.

lunes, 9 de agosto de 2010

Drugs don't work


Colecciono entradas de cine y sobrecitos de azúcar, ropa, los libros de todos los cursos desde preescolar y las notas de todos los cursos por los que he pasado(nose por qué, nunca fueron perfectas).

Guardo juegos de roll que hace tiempo entretuvieron las tardes de un largo verano. Apilo revistas de moda que contenían todos aquellos modelos a seguir. He tirado los posters que un día llenaron mi habitación.

He encontrado diarios de hace la tira de años y fotos que no sabía que existían.

Tengo la habitación llena de cosas que no utilizo nunca, pero me parece mal tirarlas. ¿Y si un día las necesito?

Guardamos cosas solo por si un día las necesitamos, quien sabe cuando vamos a poder necesitar unos prismáticos o que se yo, pero el caso esque cuando voy a guardar algo, nunca tengo sitio y termino dejándolo por ahí tirado.

Así es, cuanto nos cuesta sacar los viejo para hacer un huequito a lo nuevo. A veces no nos damos cuenta que necesitamos sanearnos, romper con todo, comenzar una nueva historia. Si no lo hacemos, con el tiempo nos damos cuenta que estamos estancados, viviendo de recuerdos y costumbres que ya dejaron de existir. Porque aunque no nos demos cuenta, no pasamos página si nosotros no nos preocupamos de hacerlo, aquello de "el tiempo lo cura todo", es una mentira como una catedral.


Yo ya he vaciado mi armario, pero no, no ha quedado vacío.

martes, 1 de junio de 2010

Café con sal




Nunca me gustó terminarme el café, odio los posos, ese sabor tan amargo que queda en la boca. Me recuerdan a los "malos" finales, cualquiera diría que no merece la pena beber algo que terminará sabiendo mal, pero sin embargo, yo no opino lo mismo. Hay veces que por muy mal final que tenga una historia, sí está bien recordarla de vez en cuando. Con el tiempo vamos olvidando poco a poco los malos momentos, parece que se guarden en un rincón del corazón, escondidos, acumulando una capa de polvo que los oculta a la razón. Y así terminamos recordando las sonrisas, las estupideces que nos alegraban aquellos bonitos días, los momentos mágicos vividos. Y entonces es cuando nos damos cuenta que las malas palabras, los rencores no valen la pena. Lo mejor siempre está en la esencia, en lo que realmente somos, en lo que de verdad es la vida, sí, pero qué es, qué es para tí, porque para mí es un sinfín de cosas, de momentos, de personas, de lugares, de sentimientos. Y todo todo todo lo que más nos ha importado y ha pasado por ella es imposible que sea olvidado. Y es curioso como un año puede resumirse en un par de cosas, en un par de frases, a mí me ha pasado, echar la vista atrás y decir, me acuerdo aquel día previo al examen de evaluación de lengua que andaba....pero no recordar nada de aquel examen, ni tan siquiera si salió bien o mal. Y si hay algo del pasado que no te hace sonreir, pásalo de largo, olvida que eso ocurrió, echa la vista más para atrás, rebusca y verás como es impresionante el paso del tiempo. No solo las obras literarias tienen tiempo externo y tiempo interno. El nuestro, nuestro tiempo "interno" es tan distinto al de fuera... por más que tacho los días en mi calendario me da la sensación de que no vamos al mismo ritmo. Y así paso los días, tachando el calendario, pero, ¿para qué? ¿Tanto importa el día y la hora que sea? Ojalá pudiéramos vivir en un mundo sin relojes, desde luego, seríamos mucho más libres. Ojalá pudiéramos dejar de ser esclavos del tiempo...

domingo, 16 de mayo de 2010

"Cara a cara"

Como Ágatha Christie dijo, "aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único." Que las cosas, cuando ya están hechas, no tienen remedio aunque puedas enmendarlas, no será lo mismo. Y además no podemos volver atrás para hacer las cosas mejor, o puede que peor. Nose muy bien si estoy haciendo lo que quiero o simplemente me estoy dejando llevar. A menudo me excuso diciendo que yo no quiero tanto, que me conformo con esto. Pero en el fondo, en lo más recóndito de nuestro ser, sabemos que no es cierto, que nos mentimos constantemente para no ver la realidad, para no ver que no estamos haciendo todo lo que podemos para conseguir lo que queremos. Aun a sabiendas de que dentro de un tiempo sabremos que habremos fracasado. Quizás para los demás no, porque seguiremos poniendo la misma excusa cutre de siempre. Pero sí para nosotros. Nuestra conciencia siempre sabrá que somos unos absolutos idiotas. Unos cobardes que saben lo que quieren pero les da igual si lo tienen o no. Siempre habrá cosas de las que nos arrepintamos, el " te quiero" aquel que nunca dijimos, la relación que dejamos se nos escapara de los dedos, la amiga a la que perdimos por no saber asumir, en fin, esa larga lista que todos conocemos. Pero seguimos viviendo como si nada, engañándonos y haciendo una y otra vez lo mismo.
Qué será de aquellas palabras nunca dichas, de aquellos momentos nunca vividos. Qué será de todo aquello que cierto día dejamos pasar...qué será, qué pasará. QUIÉN SERÉ.

domingo, 9 de mayo de 2010

Todos duermen ya

Y sin darnos cuenta hemos llegado al final. Con tormentas, viento y un precioso arcoiris. Porque odio los finales, sean felices o no. Nunca se me dieron bien la despedidas. Y ¿qué nos queda? Pues a ustedes no se, pero a mi me queda la sensación de haber terminado bien.
"Mírame, soy feliz". Quizás haya algo de nostalgia en todo esto, no lo sé muy bien. Nunca sabes lo que puede pasar. Y últimamente no hace más que llover. Porque el estúpido destino se empeña en ponérnoslo difícil. "Hablemos para no oirnos, bebamos para no vernos, hablando pasan los días que nos quedan para irnos". Tampoco se me dio bien nunca hablar. Un silencio siempre es mucho más prometedor. Y un sabio me dijo una vez que nunca deje correr el tiempo, que esperar no sirve de nada. Y razón tenía aquel hombre, retrasar las cosas mientras esperas comiéndote las uñas solo sirve para eso, para terminar sin dedos. Si quieres algo, adelante. Nadie dijo que ser valiente fuera fácil. "Ser valiente no es solo cuestión de suerte". Cuanto nos cuesta reconocer que no somos capaces de hacer o decir todo aquello que quisiéramos. Pero poco a poco vamos aprendiendo a manejarnos por esta jaula de grillos. "La corriente enseña el camino hacia el mar". Pero seguiremos sin saber qué es lo que el destino nos depara. Seguiremos andando creyendo que tenemos un rumbo, pero los desvios siempre están ahí. Adoro "jugar al azar, nunca saber donde puedes terminar o empezar" ...

sábado, 1 de mayo de 2010

Mad world


A veces te sientes especialmente triste. No hay motivo aparente. No ha pasado nada raro. No es ninguna fecha señalada. Pero ahí estás tú, llorando mientras comes helado de chocolate con trocitos de galleta. Y cuando más lo necesitas solo tienes un pañuelo que te ayude a secar las lágrimas y a un par de raidos peluches con los que "charlar". A veces solo necesitamos que alguien nos abrace. Que alguien nos diga, estoy aquí.

domingo, 18 de abril de 2010

LOS AMOS DEL MUNDO

LOS AMOS DEL MUNDO

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.

Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.

Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

Arturo Pérez-Reverte
'El Semanal'.
15 de Noviembre de 1998

domingo, 11 de abril de 2010

Vous croyez aux miracles mademoiselle?


Un encuentro casual en el portal. Ninguno de los dos saben quien es el otro, no se conocen. Ella se vuelve para sujetarle la puerta y ahí estaba él. Baja las escaleras, él las baja también sin que se de cuenta, un adiós casi susurrado al oído al pasar tras ella. Se pone nerviosa y se le caen las llaves al suelo, a penas se vuelve, él ríe. Ambos entran en sus casas. Él espera impaciente a que la puerta de enfrente se abra, pero no lo hace, no se abre. Va a su cuarto sin esperanzas y allí está, puede observarla por la ventana como revolotea nerviosa algunos papeles al percatarse de que él la está mirando. Pero él prefiere pasar las horas frente al ordenador fingiendo que no se muere de ganas por mirar. Ella se cansa, y se va. Él la busca al día siguiente, pero ya no está. Y así vuelven a ser plenos desconocidos hasta que casualmente se vuelvan a encontrar en el portal sin reconocerse.

-Sin tí las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer-
Le fabuleux destin d'Amelie Poulain.

domingo, 28 de febrero de 2010

Et toi?


Me encanta dejar la mejor cucharada para el final.
Empiezo por los extremos y termino con el bocado justo por la mitad.
Mordisqueo los bordes hasta dejar la parte central, la que más sabor tiene, la que más me gusta.
O dejo las palomitas que más dulce tienen para el final.
Ahora ya no me doy cuenta. Antes siempre estaba atenta de no comerme el mejor bocado al principio. Ahora ya es como si mi cuerpo se hubiese acostumbrado. Lo hace automáticamente.
No puedo acostarme sabiendo que las puertas del armario están abiertas. Ni tampoco si se que la puerta no está cerrada con llave. Al salir de casa debo primero ponerme los cascos y los guantes después. Si tengo varias cosas por ordenar, siempre en el sentido de las agujas del reloj, nunca en el contrario. Cuando voy a algún sitio en bus siempre me fijo en los mismos carteles o las mismas tiendas en las que me fijé la primera vez que fui. Nunca me duermo en los viajes cuando voy sola. Siempre que vuelvo tarde a casa llevo las llaves en un bolsillo y el móvil en el otro. Casi nunca llevo el bolso colgado del hombro. Nunca salgo sin pendientes. Da igual que llegue tarde, siempre me aseguro de que lo llevo todo. Rara vez llego pronto. Siempre me lavo los dientes, me pongo las lentillas, me maquillo y me peino después. Me encanta escuchar las canciones de "Amelie" mientras actualizo.
Y así podría seguir. Estas son solo algunas de las manías que hacen que sea yo. Y tú, ¿quién eres?

domingo, 7 de febrero de 2010

You okey?

Me gustaría dejar de mirarme el ombligo por un rato. A veces estamos tan estupidamente obcecados con nuestros probemillas que se nos olvida mirar alrededor.
Siempre pensé que mi respuesta ante una desgracia sería muy débil. Básicamente que dejaría de comer, de salir, de moverme. Siempre pensé que el dolor debía ser tan fuerte que no podría pensar en otra cosa. Cuando le pasó a un chico de mi clase, vino al colegio al día siguiente. No podía creerlo, me preguntaba cómo podía hacerlo, pensé que yo me quedaría encerrada en casa durante semanas, sin dejar de llorar. Pues apenas un año después me pasó a mí. Y entonces entendí por qué venía al colegio. Por más que quieras tumbarte a esperar despertar, en el fondo sabes que no va a ser nada productivo.
Es impresionante la forma en la que creamos lazos y dependencias. Nunca imaginé que alguien podía llegar a depender de mí, hasta el punto de no olvidarme. Y es curioso como lo que a uno le pasa, repercute en los dependientes. Nunca antes había pensado en ello. Lo que hice estaba marcado por las circunstancias, tanto antes como después. Antes sentía que tenía un dictador en casa. Y después, aunque desease volver a tener al dictador, me sentí libre. Libre para no tener que dar explicaciones si alguien me veía por la calle con un chico. Libre para no tener cargos de conciencia. Y resulta que los cargos de conciencia los he tenido de todas formas. Cómo es posible que contra lo que siempre me he revelado, y por lo que he discutido, ahora no sea capaz de hacerlo.
Nunca somos libres. Cada uno tiene la historia de su vida. Pero no somos libres. Sí lo somos para elegir, pero quien tenga conciencia, no es libre, aunque hay quien dice que precisamente la conciencia es lo que hace libre al ser humano. Pues para mí no. Si la conciencia me hiciera libre, estaría más perdida de lo que ya estoy.

domingo, 31 de enero de 2010

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"Verá, mi pequeña Amelie, usted no tiene los huesos de cristal, podrá soportar los golpes de la vida, si usted deja pasar esta oportunidad con el tiempo su corazón se ira haciendo seco y frágil como mi esqueleto. ¿A qué espera? ande, vaya a por él."

Conforme pasa el tiempo dicen que nos hacemos más fuertes. Que los golpes que nos damos sirven para que poco a poco éstos duelan menos. Pero yo no lo creo así. Con cada golpe os vamos cerrando un poquito más. Escondemos lo que antes podía ver cualquiera. Ahora ya no dedicamos una sonrisa a todo el mundo. Porque cada vez los golpes duelen más. Lo único que ocurre es que creamos una máscara que es la que perfeccionamos con el tiempo. Pero por dentro somos cada vez más débiles.
Porque no olvidamos. Todo lo que vivimos se almacena en una pequeña región del cerebro llamado hipocampo. Como puede caber en un espacio tan pequeño todo lo que hemos pasado. A veces me pregunto qué es lo que hace que me comporte como tal. Según los conocimientos que se tienen hasta ahora es la reacción entre sistema limbico y una compleja red de sistemas endocrino y nervioso. Pero sigue sin caberme en la cabeza. Y esque somos tan sumamente complicados... El día que estamos tontos, estamos tontos y absolutamente todo nos molesta. Y el que no...somos los más felices del mundo. ¿De qué depende? Que alguien me explique de dónde viene eso que llamamos emociones. Porque hay personas tan sensibles, y otras que no lo son tanto. ¿De dónde viene el dolor? El dolor físico puedo entenderlo, pero el psíquico no.
No se quien ni en que época exactamente, identificó la psique con el alma. Espero no estar inventándomelo. Y lo cierto es que si no supiera la complejidad de nuestro cerebro, diría que estaba en lo cierto. Porque es tan sumamente enrrevesado y difícil de comprender que ahí podría estar lo que nosotros llamamos alma. Ahí reside nuestra forma de ser, nuestro comportamiento, nuestra manera de responder ante todo, nuestra conciencia.

miércoles, 27 de enero de 2010

À la première...

El sonido de un piano de fondo. "Tendu, adagio, fouette y una vez más tendu..."
Una voz me recordaba en el silencio de aquella sala repleta de espejos los pasos a seguir. Una voz que poco a poco se desvanecía. Podia sentir las notas de aquel piano en mí. Cerraba los ojos y continuaba. Todo era sencillo. "Tú solo tienes que seguir mis pasos". Y eso era lo que hacía. "Tendu, adagio, fouette..." Ni un milímetro más, ni uno menos.
Pero a veces las cosas no son tan sencillas. No se en qué momento exactamente echamos a volar. Abandonamos esa burbujita que nos han creado. Saltamos, cambiamos los pasos, alteramos el orden. Al fin y al cabo, el orden qué importa. Con seguir la melodía es suficiente. Los pasos dan igual.
¿Pero saben qué? Llevar tu propio ritmo no está tan mal. Cierto es que numerosas son las veces que he tenido que levantarme del suelo. Los espejos engañan. Y otras simplemente no sabía hacia donde tirar. Pero la música sigue, y no dejas que corra más el tiempo. Rápido. A veces me gustaría tener a alguien que fuera dejando una pequeña huella a cada paso y no sentir que bailo sobre arenas movedizas sin saber si ando bien o mal. En realidad lo he deseado más veces de las que me gustaría admitir. Todos tenemos momentos de debilidad. Y a veces nos caemos, nos cansamos, nos acurrucamos y decidimos que ver nuestro reflejo en el espejo es mucho mejor. Y cuando eso pasa, duro es volver a aquellos pasos. Porque a veces parar, tumbarte y mirar a un punto fijamente te absorbe horas y horas. Y sigo sin saber si lo que he ido haciendo estuvo bien o mal. Solo se que a veces el ritmo se me lleva por las nubes, porque puedo bailar y bailar. Acelera el paso, que vas lento. No te pares. Y si te cansas, recuerda aquella voz. Pero tú sigue, que nadie va a parar la función por tí. Aprende sobre la marcha, no desistas. Imagina que no hay fin. Imagina que tus pies van solos, que tu solo tienes que seguirlos. Como si alguien te llevara de la mano. Como si nunca hubieras dejado de seguir aquellos pasos...

lunes, 25 de enero de 2010

TIC-TAC.

Oigo el tictac del reloj. Cada tictac que oigo es un segundo que me recuerda que el anterior ya ha pasado. Estoy sentada en la ventana viendo el ir y venir de las olas. Y sigo oyendo el tictac del reloj. ¿Pierdo el tiempo o solamente es la sensación que me da? Ver el paso constante, moderado, pero a la vez rápido del tiempo me produce cierta sensación que no sabría explicar. Cómo me siento cuando veo que el tiempo avanza y yo sigo sentada en el mismo sitio, como hace un par de horas. Da rabia. No poder, no querer -me es indiferente- levantarme y hacer algo que sirva de provecho, algo que haga que cuando vea el tiempo que ha pasado, sienta que no lo he perdido miserablemente. Porque mira que disponemos de cosas, pero de tiempo, de tiempo me temo que andamos justos. Como siempre. No hay un día que no vaya con prisas aquí o allá, da igual lo que haga y con quién, da igual si me levanto a las 5 como a las 10. El tiempo no cunde.
Pero no solo pierdo el tiempo con eso. Lo pierdo con eso y escuchando canciones que me traen viejos recuerdos, o que van construyendo nuevos lentamente. Y viendo fotografías que me hacen llorar, que me hacen perder el tiempo. Y leyendo notitas que escribí cuatro cursos atrás. Y recortando fotos para llenarme la pared de ilusiones. Y así podría seguir. Pero cuando acaba el día, siento que no he hecho nada. Que el tiempo que me han dado se ha esfumado. Pero qué quieren que les diga, adoro perder el tiempo. Vivimos tan enfrascados en nuestras vidas que no vemos la cara de enfrente al pasar por la panadería. Y me encanta perder esos minutitos por la mañana haciendo cosas inservibles. Porque casi todo lo que hacemos, casualmente lo más importante, no sirve para nada. Porque constantemente perdemos el tiempo. Incluso cuando te beso pierdo el tiempo. Asi que no me culpen, no hay nada que me guste más, que perder el tiempo.

sábado, 23 de enero de 2010

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No bailes. No hagas nada. No te muevas.

lunes, 11 de enero de 2010

D'You Know What I Mean?

Y tras un año de anécdotas e historias que poder contar, llegamos por fin a un nuevo episodio. Sí, una vez más pasé la nochevieja con los de siempre. No donde siempre, pero a veces viene bien cambiar. Este año sí, me puse algo rojo, pero sustituí las uvas por doce ricas golosinas para ver si así me endulzan un poco a mí y a lo que me rodea en este nuevo año. Y no, no me propuse nada. Nada de nada. Este año comienza completamente en blanco, salvo por tí, claro está. Este año no quiero tópicos ni estupideces. Este año quiero que sea nuevo del comienzo al fin. Quiero hacer cosas que no haya hecho nunca. Quiero cometer locuras de adolescente, quiero olvidar los malos tragos, que no a tragos, y quiero tener a alguien que me haga reir a mi lado, que ya lo tengo, no quiero que nadie intente comprenderme, pero sí que dejen de agobiarme. Quiero escribir de nuevo esta historia. Quiero creerme que de verdad se puede empezar de nuevo. No quiero darle más importancia de la que merece al estudio. Quiero hacer que las flores de mi jardín crezcan y brillen como nunca. Quiero que al terminar el año, pueda decir que ha sido un buen año, que lo he aprovechado como nunca.
Y se que son muchas cosas las que quiero, pero este año en serio, va a ser un buen año. Y también se que todos los años digo lo mismo. Pero este año no es ningún tópico. Da igual lo que falte mientras no faltemos nosotros. Da igual si a menudo nos moja la lluvia. Da igual si el tiempo pasa rápido o lento. Y esque ya no quiero vivir acelerada con mirada constante en el reloj. Ya no quiero pensar que los días acaban. Porque por ahora, no acaban. Y no, ya no importan los problemas que haya encima de la mesa esperando cada día, ni las puertas que se cierren lentamente, ni los fantasmas del pasado que de vez en cuando esperan en mi ventana.
¿Y saben qué? Ya he entendido. Ya he entendido que la vida es injusta y que no podemos hacer nada salvo cuidar de nosotros mismos. Pero den las gracias, den las gracias por todos los que cuidan de ustedes, y por quienes saben cuando necesitan un abrazo
Feliz año nuevo, pero esta vez, feliz año nuevo de verdad.

martes, 5 de enero de 2010