
A veces te sientes especialmente triste. No hay motivo aparente. No ha pasado nada raro. No es ninguna fecha señalada. Pero ahí estás tú, llorando mientras comes helado de chocolate con trocitos de galleta. Y cuando más lo necesitas solo tienes un pañuelo que te ayude a secar las lágrimas y a un par de raidos peluches con los que "charlar". A veces solo necesitamos que alguien nos abrace. Que alguien nos diga, estoy aquí.
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