domingo, 31 de enero de 2010

.

"Verá, mi pequeña Amelie, usted no tiene los huesos de cristal, podrá soportar los golpes de la vida, si usted deja pasar esta oportunidad con el tiempo su corazón se ira haciendo seco y frágil como mi esqueleto. ¿A qué espera? ande, vaya a por él."

Conforme pasa el tiempo dicen que nos hacemos más fuertes. Que los golpes que nos damos sirven para que poco a poco éstos duelan menos. Pero yo no lo creo así. Con cada golpe os vamos cerrando un poquito más. Escondemos lo que antes podía ver cualquiera. Ahora ya no dedicamos una sonrisa a todo el mundo. Porque cada vez los golpes duelen más. Lo único que ocurre es que creamos una máscara que es la que perfeccionamos con el tiempo. Pero por dentro somos cada vez más débiles.
Porque no olvidamos. Todo lo que vivimos se almacena en una pequeña región del cerebro llamado hipocampo. Como puede caber en un espacio tan pequeño todo lo que hemos pasado. A veces me pregunto qué es lo que hace que me comporte como tal. Según los conocimientos que se tienen hasta ahora es la reacción entre sistema limbico y una compleja red de sistemas endocrino y nervioso. Pero sigue sin caberme en la cabeza. Y esque somos tan sumamente complicados... El día que estamos tontos, estamos tontos y absolutamente todo nos molesta. Y el que no...somos los más felices del mundo. ¿De qué depende? Que alguien me explique de dónde viene eso que llamamos emociones. Porque hay personas tan sensibles, y otras que no lo son tanto. ¿De dónde viene el dolor? El dolor físico puedo entenderlo, pero el psíquico no.
No se quien ni en que época exactamente, identificó la psique con el alma. Espero no estar inventándomelo. Y lo cierto es que si no supiera la complejidad de nuestro cerebro, diría que estaba en lo cierto. Porque es tan sumamente enrrevesado y difícil de comprender que ahí podría estar lo que nosotros llamamos alma. Ahí reside nuestra forma de ser, nuestro comportamiento, nuestra manera de responder ante todo, nuestra conciencia.

miércoles, 27 de enero de 2010

À la première...

El sonido de un piano de fondo. "Tendu, adagio, fouette y una vez más tendu..."
Una voz me recordaba en el silencio de aquella sala repleta de espejos los pasos a seguir. Una voz que poco a poco se desvanecía. Podia sentir las notas de aquel piano en mí. Cerraba los ojos y continuaba. Todo era sencillo. "Tú solo tienes que seguir mis pasos". Y eso era lo que hacía. "Tendu, adagio, fouette..." Ni un milímetro más, ni uno menos.
Pero a veces las cosas no son tan sencillas. No se en qué momento exactamente echamos a volar. Abandonamos esa burbujita que nos han creado. Saltamos, cambiamos los pasos, alteramos el orden. Al fin y al cabo, el orden qué importa. Con seguir la melodía es suficiente. Los pasos dan igual.
¿Pero saben qué? Llevar tu propio ritmo no está tan mal. Cierto es que numerosas son las veces que he tenido que levantarme del suelo. Los espejos engañan. Y otras simplemente no sabía hacia donde tirar. Pero la música sigue, y no dejas que corra más el tiempo. Rápido. A veces me gustaría tener a alguien que fuera dejando una pequeña huella a cada paso y no sentir que bailo sobre arenas movedizas sin saber si ando bien o mal. En realidad lo he deseado más veces de las que me gustaría admitir. Todos tenemos momentos de debilidad. Y a veces nos caemos, nos cansamos, nos acurrucamos y decidimos que ver nuestro reflejo en el espejo es mucho mejor. Y cuando eso pasa, duro es volver a aquellos pasos. Porque a veces parar, tumbarte y mirar a un punto fijamente te absorbe horas y horas. Y sigo sin saber si lo que he ido haciendo estuvo bien o mal. Solo se que a veces el ritmo se me lleva por las nubes, porque puedo bailar y bailar. Acelera el paso, que vas lento. No te pares. Y si te cansas, recuerda aquella voz. Pero tú sigue, que nadie va a parar la función por tí. Aprende sobre la marcha, no desistas. Imagina que no hay fin. Imagina que tus pies van solos, que tu solo tienes que seguirlos. Como si alguien te llevara de la mano. Como si nunca hubieras dejado de seguir aquellos pasos...

lunes, 25 de enero de 2010

TIC-TAC.

Oigo el tictac del reloj. Cada tictac que oigo es un segundo que me recuerda que el anterior ya ha pasado. Estoy sentada en la ventana viendo el ir y venir de las olas. Y sigo oyendo el tictac del reloj. ¿Pierdo el tiempo o solamente es la sensación que me da? Ver el paso constante, moderado, pero a la vez rápido del tiempo me produce cierta sensación que no sabría explicar. Cómo me siento cuando veo que el tiempo avanza y yo sigo sentada en el mismo sitio, como hace un par de horas. Da rabia. No poder, no querer -me es indiferente- levantarme y hacer algo que sirva de provecho, algo que haga que cuando vea el tiempo que ha pasado, sienta que no lo he perdido miserablemente. Porque mira que disponemos de cosas, pero de tiempo, de tiempo me temo que andamos justos. Como siempre. No hay un día que no vaya con prisas aquí o allá, da igual lo que haga y con quién, da igual si me levanto a las 5 como a las 10. El tiempo no cunde.
Pero no solo pierdo el tiempo con eso. Lo pierdo con eso y escuchando canciones que me traen viejos recuerdos, o que van construyendo nuevos lentamente. Y viendo fotografías que me hacen llorar, que me hacen perder el tiempo. Y leyendo notitas que escribí cuatro cursos atrás. Y recortando fotos para llenarme la pared de ilusiones. Y así podría seguir. Pero cuando acaba el día, siento que no he hecho nada. Que el tiempo que me han dado se ha esfumado. Pero qué quieren que les diga, adoro perder el tiempo. Vivimos tan enfrascados en nuestras vidas que no vemos la cara de enfrente al pasar por la panadería. Y me encanta perder esos minutitos por la mañana haciendo cosas inservibles. Porque casi todo lo que hacemos, casualmente lo más importante, no sirve para nada. Porque constantemente perdemos el tiempo. Incluso cuando te beso pierdo el tiempo. Asi que no me culpen, no hay nada que me guste más, que perder el tiempo.

sábado, 23 de enero de 2010

.



No bailes. No hagas nada. No te muevas.

lunes, 11 de enero de 2010

D'You Know What I Mean?

Y tras un año de anécdotas e historias que poder contar, llegamos por fin a un nuevo episodio. Sí, una vez más pasé la nochevieja con los de siempre. No donde siempre, pero a veces viene bien cambiar. Este año sí, me puse algo rojo, pero sustituí las uvas por doce ricas golosinas para ver si así me endulzan un poco a mí y a lo que me rodea en este nuevo año. Y no, no me propuse nada. Nada de nada. Este año comienza completamente en blanco, salvo por tí, claro está. Este año no quiero tópicos ni estupideces. Este año quiero que sea nuevo del comienzo al fin. Quiero hacer cosas que no haya hecho nunca. Quiero cometer locuras de adolescente, quiero olvidar los malos tragos, que no a tragos, y quiero tener a alguien que me haga reir a mi lado, que ya lo tengo, no quiero que nadie intente comprenderme, pero sí que dejen de agobiarme. Quiero escribir de nuevo esta historia. Quiero creerme que de verdad se puede empezar de nuevo. No quiero darle más importancia de la que merece al estudio. Quiero hacer que las flores de mi jardín crezcan y brillen como nunca. Quiero que al terminar el año, pueda decir que ha sido un buen año, que lo he aprovechado como nunca.
Y se que son muchas cosas las que quiero, pero este año en serio, va a ser un buen año. Y también se que todos los años digo lo mismo. Pero este año no es ningún tópico. Da igual lo que falte mientras no faltemos nosotros. Da igual si a menudo nos moja la lluvia. Da igual si el tiempo pasa rápido o lento. Y esque ya no quiero vivir acelerada con mirada constante en el reloj. Ya no quiero pensar que los días acaban. Porque por ahora, no acaban. Y no, ya no importan los problemas que haya encima de la mesa esperando cada día, ni las puertas que se cierren lentamente, ni los fantasmas del pasado que de vez en cuando esperan en mi ventana.
¿Y saben qué? Ya he entendido. Ya he entendido que la vida es injusta y que no podemos hacer nada salvo cuidar de nosotros mismos. Pero den las gracias, den las gracias por todos los que cuidan de ustedes, y por quienes saben cuando necesitan un abrazo
Feliz año nuevo, pero esta vez, feliz año nuevo de verdad.

martes, 5 de enero de 2010