lunes, 25 de enero de 2010

TIC-TAC.

Oigo el tictac del reloj. Cada tictac que oigo es un segundo que me recuerda que el anterior ya ha pasado. Estoy sentada en la ventana viendo el ir y venir de las olas. Y sigo oyendo el tictac del reloj. ¿Pierdo el tiempo o solamente es la sensación que me da? Ver el paso constante, moderado, pero a la vez rápido del tiempo me produce cierta sensación que no sabría explicar. Cómo me siento cuando veo que el tiempo avanza y yo sigo sentada en el mismo sitio, como hace un par de horas. Da rabia. No poder, no querer -me es indiferente- levantarme y hacer algo que sirva de provecho, algo que haga que cuando vea el tiempo que ha pasado, sienta que no lo he perdido miserablemente. Porque mira que disponemos de cosas, pero de tiempo, de tiempo me temo que andamos justos. Como siempre. No hay un día que no vaya con prisas aquí o allá, da igual lo que haga y con quién, da igual si me levanto a las 5 como a las 10. El tiempo no cunde.
Pero no solo pierdo el tiempo con eso. Lo pierdo con eso y escuchando canciones que me traen viejos recuerdos, o que van construyendo nuevos lentamente. Y viendo fotografías que me hacen llorar, que me hacen perder el tiempo. Y leyendo notitas que escribí cuatro cursos atrás. Y recortando fotos para llenarme la pared de ilusiones. Y así podría seguir. Pero cuando acaba el día, siento que no he hecho nada. Que el tiempo que me han dado se ha esfumado. Pero qué quieren que les diga, adoro perder el tiempo. Vivimos tan enfrascados en nuestras vidas que no vemos la cara de enfrente al pasar por la panadería. Y me encanta perder esos minutitos por la mañana haciendo cosas inservibles. Porque casi todo lo que hacemos, casualmente lo más importante, no sirve para nada. Porque constantemente perdemos el tiempo. Incluso cuando te beso pierdo el tiempo. Asi que no me culpen, no hay nada que me guste más, que perder el tiempo.

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