lunes, 6 de julio de 2009

I wanna dream so high...




Que ironía... hace dieciseis años que me miro al espejo, y nunca me había visto así. Cuanto he cambiado. Cuanto hemos cambiado. Ya no voy por ahí con un muñeco en la mano, ni llevo vestiditos cursis, ni me cambio el pelo cada dos por tres, ni intento imitar a mi padre cuando se afeita, ni tampoco me levanto a la vez que mi madre una mañana de invierno para meterme a desayunar al baño mientras ella se seca el pelo para que me de calorcito... Ni me levanto otra mañana y decido que es demasiado pronto para levantarse y corro a la habitación de mis padres para acurrucarme entre los dos. Ahora ya no hago los deberes nada más llegar a casa, no me preocupo porque la señorita me castigue por no llevar los deberes hechos. Ya no intento escaquearme de esas reuniones familiares en las que se celebran cumpleaños tan aburridas. Y, ¿tengo que dar las gracias? Sinceramente estaba mejor antes. Todo era más fácil, más... bonito.
Pero todo cambia. Recuerdo un día, cuando iba a primaria, era por la tarde, y pasaba por el recreo, a la derecha tenía un muro, y a la izquierda tenía el sol. LLevaba una carpeta como la de los mayores, y miré mi sombra al andar proyectada en el suelo, y dije, dentro de cuatro años, seré mayor, seré una de las mayores del cole. Y ahora, ahora eso ya ha pasado, ahora ya soy más mayor que cualquiera del "cole". Y al mirarme hoy en el espejo, me he visto. Me he visto mayor. El tiempo pasa rápido, y a veces, cuando lo pensamos, decimos que no queremos pasar nuestro tiempo preocupándonos por la ropa que nos vamos a poner el sábado, ni por el chico al que pegaríamos una paliza por capullo. Pero sino hacemos eso, ¿ qué hacemos? ¿Por qué tipo de cosas debemos preocuparnos? Hace años me preocupaba porque quería un juguete. Y porque quería ser la primera en terminar un examen. Y ahora...ahora me preocupo por la ropa, los chicos, salir... esas cosas. Pero probablemente, dentro de unos años esté pensando en hacer un viaje aquí, otro allá, y en empezar a pensar en una vida independiente con mi pareja. O no. O quizás mi destino sea vivir sola en una casa con gatos. De cualquier forma eso da igual. El destino pasa sin que nos demos cuenta, y no para, no hay stops ni nada que se le parezca. Y sí, debemos preocuparnos por lo que toca. Que dejen de decirme que madure, porque maduraré cuando tenga que hacerlo, no cuando lo decida. Y para que quede claro madurar no significa dejar de preocuparme por los chicos la moda y salir, sino que no sea solo eso lo que me preocupe, que vea más allá. Así que...disfruta, disfruta con todas tus fuerzas, porque no volverás a vivir las 13.06 del 6 de julio del 2009 :)

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