domingo, 16 de mayo de 2010

"Cara a cara"

Como Ágatha Christie dijo, "aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único." Que las cosas, cuando ya están hechas, no tienen remedio aunque puedas enmendarlas, no será lo mismo. Y además no podemos volver atrás para hacer las cosas mejor, o puede que peor. Nose muy bien si estoy haciendo lo que quiero o simplemente me estoy dejando llevar. A menudo me excuso diciendo que yo no quiero tanto, que me conformo con esto. Pero en el fondo, en lo más recóndito de nuestro ser, sabemos que no es cierto, que nos mentimos constantemente para no ver la realidad, para no ver que no estamos haciendo todo lo que podemos para conseguir lo que queremos. Aun a sabiendas de que dentro de un tiempo sabremos que habremos fracasado. Quizás para los demás no, porque seguiremos poniendo la misma excusa cutre de siempre. Pero sí para nosotros. Nuestra conciencia siempre sabrá que somos unos absolutos idiotas. Unos cobardes que saben lo que quieren pero les da igual si lo tienen o no. Siempre habrá cosas de las que nos arrepintamos, el " te quiero" aquel que nunca dijimos, la relación que dejamos se nos escapara de los dedos, la amiga a la que perdimos por no saber asumir, en fin, esa larga lista que todos conocemos. Pero seguimos viviendo como si nada, engañándonos y haciendo una y otra vez lo mismo.
Qué será de aquellas palabras nunca dichas, de aquellos momentos nunca vividos. Qué será de todo aquello que cierto día dejamos pasar...qué será, qué pasará. QUIÉN SERÉ.

domingo, 9 de mayo de 2010

Todos duermen ya

Y sin darnos cuenta hemos llegado al final. Con tormentas, viento y un precioso arcoiris. Porque odio los finales, sean felices o no. Nunca se me dieron bien la despedidas. Y ¿qué nos queda? Pues a ustedes no se, pero a mi me queda la sensación de haber terminado bien.
"Mírame, soy feliz". Quizás haya algo de nostalgia en todo esto, no lo sé muy bien. Nunca sabes lo que puede pasar. Y últimamente no hace más que llover. Porque el estúpido destino se empeña en ponérnoslo difícil. "Hablemos para no oirnos, bebamos para no vernos, hablando pasan los días que nos quedan para irnos". Tampoco se me dio bien nunca hablar. Un silencio siempre es mucho más prometedor. Y un sabio me dijo una vez que nunca deje correr el tiempo, que esperar no sirve de nada. Y razón tenía aquel hombre, retrasar las cosas mientras esperas comiéndote las uñas solo sirve para eso, para terminar sin dedos. Si quieres algo, adelante. Nadie dijo que ser valiente fuera fácil. "Ser valiente no es solo cuestión de suerte". Cuanto nos cuesta reconocer que no somos capaces de hacer o decir todo aquello que quisiéramos. Pero poco a poco vamos aprendiendo a manejarnos por esta jaula de grillos. "La corriente enseña el camino hacia el mar". Pero seguiremos sin saber qué es lo que el destino nos depara. Seguiremos andando creyendo que tenemos un rumbo, pero los desvios siempre están ahí. Adoro "jugar al azar, nunca saber donde puedes terminar o empezar" ...

sábado, 1 de mayo de 2010

Mad world


A veces te sientes especialmente triste. No hay motivo aparente. No ha pasado nada raro. No es ninguna fecha señalada. Pero ahí estás tú, llorando mientras comes helado de chocolate con trocitos de galleta. Y cuando más lo necesitas solo tienes un pañuelo que te ayude a secar las lágrimas y a un par de raidos peluches con los que "charlar". A veces solo necesitamos que alguien nos abrace. Que alguien nos diga, estoy aquí.

domingo, 18 de abril de 2010

LOS AMOS DEL MUNDO

LOS AMOS DEL MUNDO

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.

Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.

Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

Arturo Pérez-Reverte
'El Semanal'.
15 de Noviembre de 1998

domingo, 11 de abril de 2010

Vous croyez aux miracles mademoiselle?


Un encuentro casual en el portal. Ninguno de los dos saben quien es el otro, no se conocen. Ella se vuelve para sujetarle la puerta y ahí estaba él. Baja las escaleras, él las baja también sin que se de cuenta, un adiós casi susurrado al oído al pasar tras ella. Se pone nerviosa y se le caen las llaves al suelo, a penas se vuelve, él ríe. Ambos entran en sus casas. Él espera impaciente a que la puerta de enfrente se abra, pero no lo hace, no se abre. Va a su cuarto sin esperanzas y allí está, puede observarla por la ventana como revolotea nerviosa algunos papeles al percatarse de que él la está mirando. Pero él prefiere pasar las horas frente al ordenador fingiendo que no se muere de ganas por mirar. Ella se cansa, y se va. Él la busca al día siguiente, pero ya no está. Y así vuelven a ser plenos desconocidos hasta que casualmente se vuelvan a encontrar en el portal sin reconocerse.

-Sin tí las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer-
Le fabuleux destin d'Amelie Poulain.

domingo, 28 de febrero de 2010

Et toi?


Me encanta dejar la mejor cucharada para el final.
Empiezo por los extremos y termino con el bocado justo por la mitad.
Mordisqueo los bordes hasta dejar la parte central, la que más sabor tiene, la que más me gusta.
O dejo las palomitas que más dulce tienen para el final.
Ahora ya no me doy cuenta. Antes siempre estaba atenta de no comerme el mejor bocado al principio. Ahora ya es como si mi cuerpo se hubiese acostumbrado. Lo hace automáticamente.
No puedo acostarme sabiendo que las puertas del armario están abiertas. Ni tampoco si se que la puerta no está cerrada con llave. Al salir de casa debo primero ponerme los cascos y los guantes después. Si tengo varias cosas por ordenar, siempre en el sentido de las agujas del reloj, nunca en el contrario. Cuando voy a algún sitio en bus siempre me fijo en los mismos carteles o las mismas tiendas en las que me fijé la primera vez que fui. Nunca me duermo en los viajes cuando voy sola. Siempre que vuelvo tarde a casa llevo las llaves en un bolsillo y el móvil en el otro. Casi nunca llevo el bolso colgado del hombro. Nunca salgo sin pendientes. Da igual que llegue tarde, siempre me aseguro de que lo llevo todo. Rara vez llego pronto. Siempre me lavo los dientes, me pongo las lentillas, me maquillo y me peino después. Me encanta escuchar las canciones de "Amelie" mientras actualizo.
Y así podría seguir. Estas son solo algunas de las manías que hacen que sea yo. Y tú, ¿quién eres?

domingo, 7 de febrero de 2010

You okey?

Me gustaría dejar de mirarme el ombligo por un rato. A veces estamos tan estupidamente obcecados con nuestros probemillas que se nos olvida mirar alrededor.
Siempre pensé que mi respuesta ante una desgracia sería muy débil. Básicamente que dejaría de comer, de salir, de moverme. Siempre pensé que el dolor debía ser tan fuerte que no podría pensar en otra cosa. Cuando le pasó a un chico de mi clase, vino al colegio al día siguiente. No podía creerlo, me preguntaba cómo podía hacerlo, pensé que yo me quedaría encerrada en casa durante semanas, sin dejar de llorar. Pues apenas un año después me pasó a mí. Y entonces entendí por qué venía al colegio. Por más que quieras tumbarte a esperar despertar, en el fondo sabes que no va a ser nada productivo.
Es impresionante la forma en la que creamos lazos y dependencias. Nunca imaginé que alguien podía llegar a depender de mí, hasta el punto de no olvidarme. Y es curioso como lo que a uno le pasa, repercute en los dependientes. Nunca antes había pensado en ello. Lo que hice estaba marcado por las circunstancias, tanto antes como después. Antes sentía que tenía un dictador en casa. Y después, aunque desease volver a tener al dictador, me sentí libre. Libre para no tener que dar explicaciones si alguien me veía por la calle con un chico. Libre para no tener cargos de conciencia. Y resulta que los cargos de conciencia los he tenido de todas formas. Cómo es posible que contra lo que siempre me he revelado, y por lo que he discutido, ahora no sea capaz de hacerlo.
Nunca somos libres. Cada uno tiene la historia de su vida. Pero no somos libres. Sí lo somos para elegir, pero quien tenga conciencia, no es libre, aunque hay quien dice que precisamente la conciencia es lo que hace libre al ser humano. Pues para mí no. Si la conciencia me hiciera libre, estaría más perdida de lo que ya estoy.