
A veces queremos dejar algunas cosas atrás, pero no podemos, no es posible, nada puede quedarse atrás, o nosotros mismos quedamos presos del pasado. Todos cometemos errores, todos tropezamos más de una vez con la misma piedra. Somos humanos, y eso, eso lo dice todo. Para bien o para mal estamos aquí para equivocarnos, caernos mil veces, pegarnos contra una pared, una dura pared que no se rompe, por más cabezazos que le des. No, no se rompe. Quizás fuera más fácil bordear la pared, no es infinita, pero entonces, ¿qué sentido tiene? No, tenemos que armarnos de valor, coger una coraza, un casco, y abalanzarnos sobre el muro. Y tarde o temprano, lo derribaremos, siempre. No hay nada que se nos resista. Nada es demasiado para nosotros. Nada. Aunque a veces pensemos que todo nos supera, no es así. Somos humanos, somos cabezotas, egoistas, y siempre tenemos razón. Así somos. Y eso sí que no hay forma de cambiarlo.
Puede que el destino sea cruel de vez en cuando pero, siempre pone un toque de dulzura. Muchas veces nos encontramos con la persona que menos esperamos, de la forma más inesperada posible en el lugar que nunca imaginamos. Cuando creemos que todo acaba, que llega el final, ahí esta. La persona que hace revivir tu cuerpo, que te llena. Sentirle cerca es como un pedacito de felicidad que puede llegar a durar algún tiempo. Siempre viene bien sentirse deseado. Y desear también...
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