miércoles, 19 de agosto de 2009

No stress




¿Por qué nos cuesta tanto decidir las cosas? Casi nunca tenemos nada en claro. Decimos que sabemos lo que queremos pero, ¿es eso realmente cierto?
Cuando nos enamoramos de una falda, o unos zapatos, no tardamos en decir "eso-tiene-que-ser-mío". Pero muchas veces, lo dejamos en el armario tiempo y tiempo. hasta que un día hacemos limpieza y lo vemos ahí, reluciente, nuevo. Y un año después (por ejemplo), empezamos a llevarlos como si lo acabásemos de comprar. ¿Qué nos pasa? ¿No estábamos enamorados? No tenemos remedio. Somos como niños. Queremos algo, y cuando no lleva ni dos días en nuestro poder lo dejamos. Ya hemos tenido suficiente.
¿Entonces qué? Quizás deberíamos limitarnos a lo esporádico. Admitamos que no estamos preparados para largas relaciones. Somos así, y sería bueno aceptarlo. Nos ahorraríamos el tiempo, la espera y el estrés.
Sinceramente, antes pensaba que lo mejor era lo duradero, pero tal vez no sea así. Cuando nos compramos un jersey caro, queremos que dure, que dure y dure. Y cuando lo compramos pensamos que siempre nos va a gustar. Que va a durar y, eso nos gusta. Pero no, conforme pasa el tiempo nos damos cuenta que ese jersey ya no se lleva, y nos vemos obligados a llevarlo por el dineral que nos costó en su día, y que además pagamos para precisamente que durara. Así que he llegado a la conclusión de que lo mejor es tener algo por un tiempo, y luego a otra cosa mariposa. De esa forma nos renovamos. Cambiamos. Salimos de la rutina. Variamos. Y la verdad, no hay absolutamente nada mejor.

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