El sonido de un piano de fondo. "Tendu, adagio, fouette y una vez más tendu..."Una voz me recordaba en el silencio de aquella sala repleta de espejos los pasos a seguir. Una voz que poco a poco se desvanecía. Podia sentir las notas de aquel piano en mí. Cerraba los ojos y continuaba. Todo era sencillo. "Tú solo tienes que seguir mis pasos". Y eso era lo que hacía. "Tendu, adagio, fouette..." Ni un milímetro más, ni uno menos.
Pero a veces las cosas no son tan sencillas. No se en qué momento exactamente echamos a volar. Abandonamos esa burbujita que nos han creado. Saltamos, cambiamos los pasos, alteramos el orden. Al fin y al cabo, el orden qué importa. Con seguir la melodía es suficiente. Los pasos dan igual.
¿Pero saben qué? Llevar tu propio ritmo no está tan mal. Cierto es que numerosas son las veces que he tenido que levantarme del suelo. Los espejos engañan. Y otras simplemente no sabía hacia donde tirar. Pero la música sigue, y no dejas que corra más el tiempo. Rápido. A veces me gustaría tener a alguien que fuera dejando una pequeña huella a cada paso y no sentir que bailo sobre arenas movedizas sin saber si ando bien o mal. En realidad lo he deseado más veces de las que me gustaría admitir. Todos tenemos momentos de debilidad. Y a veces nos caemos, nos cansamos, nos acurrucamos y decidimos que ver nuestro reflejo en el espejo es mucho mejor. Y cuando eso pasa, duro es volver a aquellos pasos. Porque a veces parar, tumbarte y mirar a un punto fijamente te absorbe horas y horas. Y sigo sin saber si lo que he ido haciendo estuvo bien o mal. Solo se que a veces el ritmo se me lleva por las nubes, porque puedo bailar y bailar. Acelera el paso, que vas lento. No te pares. Y si te cansas, recuerda aquella voz. Pero tú sigue, que nadie va a parar la función por tí. Aprende sobre la marcha, no desistas. Imagina que no hay fin. Imagina que tus pies van solos, que tu solo tienes que seguirlos. Como si alguien te llevara de la mano. Como si nunca hubieras dejado de seguir aquellos pasos...
Pero a veces las cosas no son tan sencillas. No se en qué momento exactamente echamos a volar. Abandonamos esa burbujita que nos han creado. Saltamos, cambiamos los pasos, alteramos el orden. Al fin y al cabo, el orden qué importa. Con seguir la melodía es suficiente. Los pasos dan igual.
¿Pero saben qué? Llevar tu propio ritmo no está tan mal. Cierto es que numerosas son las veces que he tenido que levantarme del suelo. Los espejos engañan. Y otras simplemente no sabía hacia donde tirar. Pero la música sigue, y no dejas que corra más el tiempo. Rápido. A veces me gustaría tener a alguien que fuera dejando una pequeña huella a cada paso y no sentir que bailo sobre arenas movedizas sin saber si ando bien o mal. En realidad lo he deseado más veces de las que me gustaría admitir. Todos tenemos momentos de debilidad. Y a veces nos caemos, nos cansamos, nos acurrucamos y decidimos que ver nuestro reflejo en el espejo es mucho mejor. Y cuando eso pasa, duro es volver a aquellos pasos. Porque a veces parar, tumbarte y mirar a un punto fijamente te absorbe horas y horas. Y sigo sin saber si lo que he ido haciendo estuvo bien o mal. Solo se que a veces el ritmo se me lleva por las nubes, porque puedo bailar y bailar. Acelera el paso, que vas lento. No te pares. Y si te cansas, recuerda aquella voz. Pero tú sigue, que nadie va a parar la función por tí. Aprende sobre la marcha, no desistas. Imagina que no hay fin. Imagina que tus pies van solos, que tu solo tienes que seguirlos. Como si alguien te llevara de la mano. Como si nunca hubieras dejado de seguir aquellos pasos...
Echar a volar siempre es complicado, tirarte al vacio da miedo, y el suelo se acerca demasiado deprisa. Y la primera caida siempre es rapida y duele. Pero no hay otra forma de aprender.
ResponderEliminarSi te sirve de consuelo, hare lo posible por curar las heridas.