A menudo, nos encontramos haciendo algo que no queremos hacer. Algo que siempre dijimos que NUNCA haríamos. Y bien sabemos que nunca debemos decir nunca. Pero el caso es que somos diferentes de lo que siempre quisimos ser. Vamos cambiando y poco a poco olvidamos quienes somos. Nos encontramos en una casa en la que no deberíamos estar, con la persona equivocada. O quizás no sea equivocada, pero no es el momento, no debería serlo. Normalmente nos dejamos arrastrar por lo que sentimos y terminamos donde menos esperamos. Al final, te encuentras en una situación la cual no sabrías describir. ¿Qué somos? ¿Qué tenemos? O mejor, ¿tenemos algo?
Y volvemos al principio y nos preguntamos, ¿qué hago aquí? Pero no es el momento para hacernos esa pregunta. Nos da igual. Al diablo con lo que deberíamos hacer. Quiero dejar de utilizar el pretérito imperfecto y empezar a usar el pretérito perfecto. El camino es largo y las pequeñas locuras son las que lo hacen más ameno.
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